“La escuela como instrumento social de continuidad institucional y pedagógica”

Introducción

Cuando se piensa en una escuela, se piensa en ese edificio, en ese espacio físico mágico, donde nos brindaron llaves para abrir tantas puertas, donde hemos vivido cosas que nos marcaron en nuestra vida, que nos definieron como personas, en conjunto con nuestra familia, amigos y el resto de las instituciones que nos acompañan en la vida. Se convierten así, en una red de espacios mágicos que nos forman como personas, como seres sociales, no funcionales a la sociedad, sino funcionales a nuestras búsquedas, a lo que deseamos ser.

Con el paso del tiempo, se han alejado de esta función, hasta el punto de cumplir con manuales prescriptos, normas y contenidos que están aislados de nosotros como seres, y de nuestra comunidad, como sustento social. “La escuela es un lugar para entrar y salir. Es un lugar de tránsito. A parte de esto, desde el punto de vista de la representación social, la escuela es una institución normal de la sociedad, por donde circula, en cierta proporción, la normalidad social”[i]. En este contexto el estudiante está condicionado a circular en esta institución, donde se formará como persona para la vida social y sus exigencias. De modo que la escuela deberá contar con ciertos requisitos que cumplir, dependiendo el contexto en donde se encuentre: la cultura, situación socio-económica, etc.

La escuela no es una isla aislada de todo, que enseña contenidos estancos y que no son aplicables. O al menos eso no debería ser. En muchos casos sucede que el contenido transmitido, es un contenido limitado a lo que el estudiante “debería saber”, sin tener esto un vínculo con la sociedad, ni con cómo el niño vivirá lo que aprende.

La enseñanza debe ser un conjunto de saberes vinculados entre si, de manera lógica y practica, de manera que le permita al estudiante aplicarlo en su vida cotidiana, para solventar aquellas situaciones adversas, que construyen su ser respecto de su contexto. “Lo transferible pasa a ser la habilidad para reconocer diferencias contextuales y a operar habida cuenta de ellas, más que la transferencia de un ser de habilidades o estrategias generalizadas”[ii]. Dicho de otro modo, una de las formas por las cuales la escuela puede desarrollar a una persona social, es desarrollar en el niño la capacidad prospectiva. Es decir que los elementos transferidos en el aula, sean aplicables a la vida en sociedad, sobre todo para prever los sucesos.

Y la escuela no puede hacerlo, sin estar adentrada, sin ser parte de los procesos sociales. Esto se logra con la relación entre el contenido transferido y la realidad social. Es ahí donde la escuela debe construir un vínculo más genuino con la sociedad, a través de diferentes acciones vinculantes, que faciliten un proceso de “Continuidad institucional”.

Por otra parte, “Es la miseria de la sociedad que vuelve miserables a los hombres, y es la violencia social la que torna violentos a los niños y adolescentes” (Kaplan;2010). La escuela como institución social, debe estar presente en los procesos sociales instaurados en el conjunto de la comunidad donde esta se encuentra, siendo aquella parte constante del desarrollo de las actividades y hechos que surgen de allí, de modo que se extiendan en el tiempo las acciones de la institución y sus resultados. Así se logra extender la vida de una escuela para cada estudiante, generando un hilo transparente desde que comienza a formar al ser / estudiante, hasta que sale de la institución, y se ve frente a frente con la realidad.

El contexto presenta una universalidad condicionante para la labor de las escuelas en este sentido. En el sentido de “…la existencia de ciertas dimensiones, al parecer constitutivas de la posibilidad del desarrollo humano (…) como condiciones de posibilidad de su (la cultura) producción o reproducción”[iii]. La escuela deberá integrarse de manera más genuina en un entramado de actores con acciones en particular, y objetivos en común. “…un escenario físico que integra actores, ligados por diferentes tipos de vínculos, que de forma conjunta realizan actividades enmarcadas en tareas con sentido para la cultura y que, durante la realización de las mismas, se comunican, verbalmente o no, para tratar de negociar sus intenciones y metas, con el fin de construir un significado conjunto de sus actividades y de la tarea. Todos estos ingredientes conforman un patrón de invarianzas socioculturales, de modo que cualquier individuo de cualquier cultura entra en contacto desde que nace con un escenario que contiene todos estos ingredientes” (cf. Rodrigo, 1994:31)

La estructura conocida de “adulto / docente, niño / estudiante y conocimiento”, pasa a transformarse. E aquí un “cambio de paradigma relativo a concebir al desarrollo como transformación de la participación mas que la transmisión de conocimientos de otros al niño, aun, la adquisición o descubrimiento de conocimiento por si mismo. (…) la noción de comunidad por una búsqueda tanto de responsabilidad como de autonomía por parte de los miembros de la comunidad en la gestión de los mismos procesos de aprendizaje”.[iv]

Podemos ver uno de los errores en los que la gestión cae habitualmente. Pretender que la escuela sea una institución que solo funciona para cada estudiante en el período que este se encuentra en la institución, hasta su egreso. Pero el logro de la inclusión, y sobre todo de la contextualización de contenidos transmitidos hacia los estudiantes, debe contar con una presencia estable y continua de la escuela en la sociedad, donde el estudiante se inscribe, siendo esta la responsable del lugar que este ocupa, dentro y fuera de la misma. Situación que la institución escolar debe atender, a lo largo de los años que el niño se encuentra en la escuela, y aún después, como seguimiento y acompañamiento estable. “El principio de continuidad pedagógica se vincula necesariamente con el de inclusión”[v].”La inclusión requiere, en primer lugar, atender las situaciones que producen obstáculos para el acceso de los alumnos al sistema educativo, su permanencia, tránsito y egreso”[vi].

Uno de los propósitos a los cuales debería apuntar la escuela, es el “…de tender a la igualación, al menos en el plano de las representaciones simbólicas, dimensión que incide en la configuración de discursos con sentido práctico en la vida cotidiana de la sociedad y en la de las instituciones” (Kaplan;2010).

En consecuencia, la escuela debe nutrir y condicionar el proceso de construcción del autoestima escolar del estudiante, en tanto esta como valía social especifica. Pero no puede dejar de lado los condicionantes sociales que definen a aquel, como sujeto social que se proyecta así en la escuela. Esto es porque los condicionantes sociales, no afectan del mismo modo (Kaplan;2010).

Concluyendo, la escuela es una Institución social, que se inscribe en un contexto complejo, que determina el devenir de los hechos que configuran el desarrollo escolar del estudiante. Como tal debe tener una presencia suficiente, no solo en lo que respecta a los contenidos, sino en la relación de estos con la práctica social del individuo. Es así como la escuela debería presentarse como un anclaje vinculante entre la sociedad y el individuo, facilitando la relación. Y esto se logra no siendo una institución de paso, si no una muy presente escuela, que permita que el estudiante se identifique con la institución, en su rol socializador.

Por esto se propone que la escuela promueva actividades sociales que complementen las actividades escolares habituales, ya sean de carácter social y / o culturales, durante el tiempo que el estudiante está en ella, y después, formando así un individuo con identidad social, fomentando la identificación de este con la institución, facilitando que el estudiante vuelva a la misma en formatos diferentes, proyectos culturales, educativos, sociales, entre otros.

Es esperable que las acciones desarrolladas vinculen a los diferentes actores, tanto los directos como los indirectamente relacionados a la vida escolar. Principalmente  deben estar vinculados los docentes de diferentes áreas de una misma institución, según sea el espíritu de la acción a desarrollar. Esto permite un desarrollo más genuino y completo de la propuesta, congregando en un mismo proyecto, diferentes miradas. La triada ideal debe estar presente: docentes, estudiantes y familia / amigos. Esto ya nos permite vincular, en una primera instancia, el contexto más cercano que la escuela tiene, a la vez que vinculamos el seno familiar y las relaciones que marcan al niño.

Otro vínculo esperable, es el de directivos de diferentes instituciones, lo que le da una presencia formal y con un respaldo legitimo. A la vez que vincula concretamente  la institución con su contexto. Y por último,  como siguiente escalón de vínculo con el contexto de la escuela, es importante trabajar en conjunto con organizaciones sociales relevantes, como ONG, cooperativas, entre otras.

Tanto las acciones curriculares como aquellas actividades extracurriculares,  deben mantener una clara relación con la aplicabilidad en la vida social. Para ello deben estar vinculadas entre sí.

Esta alquimia social, es la que da fuerza simbólicamente a la escuela para tender a superar el horizonte vital de los estudiantes “…la condición de estudiantil, es una categoría peculiar que va transformando históricamente, conforme se transforman las sociedades” (Kaplan).

Desde el Arte, disciplina en ejercicio y en curso de estudio, es posible y esperable que el aula se vincule con la sociedad. Hoy el Arte, como medio expresivo esencialmente, como producto de entretenimiento después, tiene una presencia significativa en la sociedad, y una gran oportunidad de sacar a los estudiantes a la calle; a la vez que mantenemos los lazos de los que egresaron, aportando al desarrollo de la identidad escolar.

Potencialmente, el Arte es un medio de intervención y sensibilización de gran impacto en las calles. Se ve en los grafitis o en los artistas callejeros, o en las manifestaciones sociales, que involucran expresiones artísticas. En todas ellas, el Arte es un medio rápido y sensorial, que impacta en quien lo ve, emitiendo un mensaje sutil, sin agresiones sociales ni morales.

Con lo cual, proponemos que la variedad de proyectos que salgan del aula hacia la calle, estén vinculados a problemáticas sociales significativas, que permitan reflexiones libres, como solo el Arte puede facilitar, ya que esta hace actor necesario al espectador, cumplimentando el mensaje emitido en las obras o representaciones, apelando a su comprensión subjetiva. Estos proyectos necesitarán del andamiaje  pleno de otras áreas de la escuela, no solo los directivos, sino de otros docentes que acompañen la búsqueda de los estudiantes, en la investigación propuesta.

Esto necesitará, no solo del personal involucrado directamente dentro de la escuela, sino de instituciones relacionadas con el  contexto social, sobre todo a las familias y el contexto más cercano de los estudiantes.

Un ejemplo interesante es el proyecto “El Arte como una manera de tejer lazos sociales en comunidad: Desde los bordes a la inclusión social con los jóvenes de Lavalle”, de la Universidad de Cuyo, a través del “Programa de inclusión social y igualdad de oportunidades”, de la Facultad de Ciencias sociales.

Este proyecto tiene por objeto: “Promover en los jóvenes de Costa de Araujo y zonas aledañas la implicación y el protagonismo como agentes de cambio en las problemáticas sociales que atañen a su comunidad. Consolidar, ampliar y diversificar el núcleo dinámico del grupo de teatro comunitario como animadores socio-culturales”[vii].

Bibliografía:

  • Trastornos Emocionales Severos-circular-tecnica_general1;
  • En Baquero R. y Limón, M. (2000), Introducción a la psicología del aprendizaje escolar. Bernal: Ed. UNQ;
  • “Inclusión con continuidad pedagógica”, 2013, Dirección General de Cultura y Educación Dirección de Contenidos Educativos, Serie de documentos para la supervisión, Buenos Aires;
  • “El arte como una manera de tejer lazos sociales en comunidad”, Documento virtual de la Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de Ciencias sociales, en el marco del “Programa de inclusión social y igualdad de oportunidades”;

[i] Trastornos Emocionales Severos-circular-tecnica_general1

[ii] En Baquero R. y Limón, M. (2000), Introducción a la psicología del aprendizaje escolar. Bernal: Ed. UNQ.

[iii] En Baquero R. y Limón, M. (2000), Introducción a la psicología del aprendizaje escolar. Bernal: Ed. UNQ.

[iv] En Baquero R. y Limón, M. (2000), Introducción a la psicología del aprendizaje escolar. Bernal: Ed. UNQ.

[v] “Inclusión con continuidad pedagógica”, 2013, Dirección General de Cultura y Educación

Dirección de Contenidos Educativos, Serie de documentos para la supervisión, Buenos Aires,

[vi] “Inclusión con continuidad pedagógica”, 2013, Dirección General de Cultura y Educación

Dirección de Contenidos Educativos, Serie de documentos para la supervisión, Buenos Aires,

[vii] “El arte como una manera de tejer lazos sociales en comunidad” (2013), Articulación social, Universidad de Cuyo (WEB). Recuperado el día 30 de agosto de 2017, de: http://www.uncuyo.edu.ar/articulacionsocial/upload/el-arte-como-una-manera-de-tejer-lazos-sociales-en-comunidad3.pdf,

Florencia Soledad Pereyra

Juan Manuel Roma

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